Un pequeño país con grandes sabores
Bélgica es reconocida en todo el mundo por su gran tradición gastronómica y por la calidad de sus productos artesanales. Desde los chocolates de marcas icónicas como Pierre Marcolini, Galler, Côte d’Or o Leonidas, hasta las galletas Jules Destrooper, los irresistibles waffles de Liège y de Bruselas, y las papas fritas que se han convertido en un verdadero símbolo nacional.
Más allá de estos clásicos, Bélgica es un pequeño pero auténtico centro de sabores, donde la tradición y la creatividad se combinan en cada receta. En este artículo, le presentamos algunos de los productos belgas que puede encontrar en nuestra tienda en línea.
Aunque no logramos traer todos los tesoros gastronómicos de Bélgica, hemos seleccionado cuidadosamente aquellos que representan su esencia y autenticidad, ahora disponibles en el corazón de la Ciudad de México.
Entre ellos destacan el Waffle de Lieja, la crema de galletas speculoos, el sirope de Lieja, las papas fritas y las tradicionales croquetas duchesse. A lo largo de este recorrido, conocerá un poco más sobre su origen, su historia y la razón por la cual estos productos son tan apreciados en la mesa belga.
El Waffle de Lieja:

El origen de los waffles belgas se remonta al siglo XVIII. Según la tradición, habrían sido creados en la ciudad de Lieja, cuando el príncipe-obispo pidió a uno de sus cocineros un postre dulce, aromático y distinto. Así nació el precursor del actual Waffle de Lieja, aunque la versión que hoy conocemos apareció un poco más tarde, con la llegada del azúcar de remolacha y el uso de especias como la canela.
Sin embargo, la historia del gofre es mucho más antigua. Su nombre proviene de la palabra franca “wafla”, que hacia finales del siglo XII designaba una especie de pastel cocido entre dos planchas de hierro. En sus inicios, los gofres no eran un postre, sino un alimento básico elaborado con harina de alforfón, que servía para saciar el hambre de la población gracias a su sencillez y valor nutritivo.
Con el paso del tiempo, el Waffle de Lieja se convirtió en uno de los símbolos más queridos de la gastronomía belga tanto dentro del país como en el extranjero. En Bélgica es un clásico irresistible, especialmente en invierno cuando su aroma dulce invade los típicos mercados navideños y atrae a los visitantes con solo percibir su olor. Es una verdadera técnica de marketing porque el perfume del azúcar caramelizado basta para reunir a una multitud de clientes sin descanso.
Más allá de los mercados, el Waffle de Lieja está presente durante todo el año, desde los puestos frente al mar del Norte como los populares Australian Homemade hasta el sur del país donde sigue siendo una receta tradicional que las familias preparan en casa para celebraciones y ocasiones especiales.
Lo que distingue el Waffle de Lieja del de Bruselas es que ambos representan experiencias totalmente diferentes. El Waffle de Bruselas es más ligero y simple, elaborado con una masa suave cocida en un molde distinto que le da su forma rectangular y su textura aireada. Se suele servir con azúcar impalpable, fresas frescas o chantilly, creando un postre más delicado.
En cambio, el Waffle de Lieja se disfruta en su forma más pura. Su masa, enriquecida con canela y azúcar perlado, libera todo su aroma al cocinarse. El azúcar se funde y se transforma en un caramelo dorado que se esparce por toda la superficie, ofreciendo ese sabor profundo y reconfortante que lo hace inconfundible.
La Crema de Galletas Speculoos:

Cuando hablamos de speculoos, cada belga lo conoce. Esa pequeña galleta es un dulce típico de Bélgica, elaborada con azúcar cassonade y perfumada con canela.
¿Cómo nació el speculoos? Nació en el siglo XVII, cuando Bélgica y la región flamenca aún formaban parte de los Países Bajos españoles. En esa época, los marinos trajeron de vuelta especias de Asia como la canela, el clavo y el cardamomo. No sabemos el nombre de la persona que encontró y mezcló por primera vez los ingredientes que hoy forman nuestra galleta más querida, pero sí sabemos que su creación se ubica en la región del norte de Bélgica.
En aquella época, solo los más privilegiados, como la aristocracia, podían disfrutar de esas joyas de la gastronomía. El speculoos era considerado un pequeño lujo, reservado a quienes podían permitirse ingredientes tan valiosos como el azúcar cassonade y las especias traídas de Asia.
No fue sino hasta el siglo XX, exactamente en 1932, cuando la familia Boone hizo famoso el speculoos gracias a la comercialización de su producto de manera industrial bajo la marca Lotus. Desde entonces, esta galleta tradicional pasó de ser un tesoro reservado a unos pocos a convertirse en un símbolo del sabor belga reconocido en todo el mundo.
Con los años, el speculoos inspiró nuevas formas de disfrutarse. A comienzos de los años 2000, la receta de una crema para untar hecha a base de estas galletas apareció en internet, publicada por la neerlandesa conocida como Oma Wapsie. Su idea llamó la atención y no tardó en popularizarse. En 2008, la marca Lotus lanzó su propia versión al mercado, logrando un éxito inmediato. Desde entonces, la crema de galletas speculoos se ha convertido en un clásico moderno que conserva todo el sabor de la receta original.
Hoy en L’Atelier de Cuisine decidimos elaborar nuestra propia versión de la crema de galletas speculoos. Aunque la versión de Lotus existe en pequeñas cantidades aquí en México, nosotros seguimos siendo un taller de cocina artesanal, y crear nuestras propias versiones de cada producto forma parte de nuestra esencia. Preparar esta crema de manera artesanal no fue una opción, sino una obligación para mantener nuestra identidad y nuestro compromiso con la autenticidad.
El Miel de Pera / Sirope de Lieja:

El Sirope de Lieja es una receta especial, menos conocida que los productos mencionados anteriormente. Se trata de una especie de melaza que puede prepararse de dos maneras diferentes, dependiendo de la elección de las frutas, que son únicamente peras y manzanas. Según la receta y la variedad de fruta utilizada, se obtiene un sirope más suave o uno más intenso y azucarado.
¿Dónde se creó el Sirope de Lieja? Su origen se encuentra en la comuna de Aubel, en la región llamada Pays de Herve, que forma parte de los alrededores de la ciudad de Lieja. En el siglo XVII, los campesinos necesitaban conservar las frutas recién cosechadas y, por falta de espacio y medios de almacenamiento, decidieron transformarlas en un sirope que pudiera conservarse por más tiempo. Así nació esta receta tradicional.
El Miel de Pera de Lieja ganó notoriedad en el siglo XX gracias a la siropería Meurens, hoy famosa en Bélgica por su envase típico y fácilmente reconocible. Con la industrialización, la producción aumentó y el producto comenzó a distribuirse en todo el país y posteriormente en Europa. En los años 80, una escasez en la producción de peras llevó a sustituir parte de la receta original con dátiles, dando lugar a una nueva versión del producto que sigue siendo apreciada hasta hoy.
¿Y este producto está disponible en México? Por supuesto. No lo elaboramos directamente en L’Atelier, pero colaboramos con un productor 100 % artesanal llamado Del Itza. Su miel se prepara con frutas mexicanas y por mexicanos, aunque la receta original proviene de Bélgica. Está elaborada en la región del volcán Popocatépetl, en Iztaccíhuatl. La diferencia con el sirope de Lieja tradicional es que en nuestra tierra natal estos productos no se producen alrededor de una zona volcánica.
¿Dónde encontrar estos productos?
Estos productos forman parte de la selección belga de nuestro catálogo. Haga clic en la palabra tienda en línea para descubrirlos. Además, puede adquirirlos a un precio razonable para productos gourmet de la marca L’Atelier. Siempre es un placer compartir un pedazo de nuestra tierra del norte en suelo mexicano.
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